Varón de 32 años. 10 años de vida laboral. Siempre dentro del sector y en la "misma" entidad financiera desde los últimos seis. Entrecomillo "misma" porque a pesar de que sólo he firmado un contrato de trabajo desde 2005, en el último año parece que he cambiado de empresa mes sí y mes también.
Si uno no vive ajeno a la dura realidad, no le costará saber que empecé a trabajar en una caja de ahorros, que de repente un día se convirtió en banco, y que vete tú a saber qué o de quién seremos en los próximos meses.
Todo lo vivido y sucedido desde 2005 hasta diciembre de 2010 no dejan de ser cinco años de trayectoria laboral normal, en una entidad financiera que confío en mi y me puso un contrato encima de la mesa.
Durante esos cinco años he trabajado muy de cerca la burbuja inmobiliaria que hinchábamos e hinchábamos cada día a golpe de pulmón financiero. He sentido el pinchazo brutal de la misma cuando flotaba sin rumbo en un aire cada minuto más tóxico y he sufrido vértigo con la caída desde lo más alto que aún no ha llegado a su fin.
En diciembre de 2010 mi entidad financiera se fusionó con otra, core capital mediante, ya saben. Y entonces empezó. Corrijo: ha empezado el descontrol, la deshumanización, la incertidumbre como compañera de jornada, los cambios de criterio, de seguimiento y procedimiento casi diarios. En definitiva, la agónica muerte de la esencia de una empresa que hasta ese día nunca había sido así. Y qué quieren que les diga, a mi me gustó esa esencia.
Pero no esperen que vaya a criticar los "por qués" o los "cómos", valorar si tenía que haber sido así o de otra forma o juzgar al gobierno saliente o entrante. Mi intención es contaros única y exclusivamente la primera persona de esta crisis, el día a día de un simple gestor comercial de una oficina cualquiera en un barrio cualquiera de Madrid. Ese gestor que empezó desde abajo; que en pocos meses fue ascendido de tareas operativas a tareas comerciales; y que desde entonces ponía todo su empeño en conseguir otro reconocimiento más: la dirección de una oficina. Pero si el primer ascenso fue meteórico, once meses sobre un periodo habitual de dos años, no podemos decir lo mismo del que era mi siguiente objetivo... ya que hoy día sigo con el mismo puesto y sueldo de gestor.
Tampoco entraré a valorar si he merecido o no desde entonces una oportunidad (no duden que SÍ) o qué sería de mi ahora en caso de haberlo sido. Repito que sólo quiero contar lo que he vivido y sentido, así como lo que estoy viviendo y sintiendo dentro de una entidad financiera en pleno proceso de radical transformación.
El cordón del equilibrio laboral empezó a desatarse tras la fusión de mi entidad con otra de la misma región, con oficina justo frente a la mía...

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