Os prometo que cada vez me cuesta más escribir sobre toda la vorágine laboral en la que estoy metido manteniendo el anonimato de mi pagadora. Y no querría que dejase de ser así, al menos de momento. Esto provoca que en ocasiones me cueste encontrar las palabras precisas para detallar el día a día de un gestor en crisis. Rescato de mi primer post: "Mi intención es contar única y exclusivamente la primera persona de esta crisis, el día a día de un simple gestor comercial de una oficina cualquiera en un barrio cualquiera de Madrid".
Insisto en el dato de que hay más de treinta mil empleados de entidades financieras bajo las influencias del brutal reajuste financiero en el que está inmerso el país.
Sigo en la misma oficina, sin ningún nuevo cambio de compañeros y empezando a trabajar con el nuevo producto bancario estrella, lanzado a la desesperada para tratarnos de mantener a flote y no tener que ser rescatados por el gran ente nacional y vendidos a algún gigante bancario por la irrisoria cifra de un euro...más cientos de promociones de nuevas viviendas en las zonas más absurdas que te puedas imaginar, miles de viviendas de segunda mano trilladas por numerosas familias de inmigrantes y compradas con toda su ilusión a un precio absolutamente fuera de mercado, y por ende todas sus hipotecas impagadas con un saldo vivo - saldo muerto diría yo- muy superior al valor actual de mercado de la vivienda que la garantizaba.
Y esta irrechazable oferta incluye además un lote de más cinco mil empleados desencantados, desmotivados con la sombra del despido como compañera de trabajo desde varios meses atrás. Hagan juego, señores!
Una vez en marcha el nuevo convenio en el que sitúa la cifra a reducir de empleados, ya sea temporal o definitivamente, en setecientos ahora sólo queda esperar y esperar hasta que un día esa taciturna sombra que te acompaña coja el teléfono, te llame y te diga que te vas a casa seis meses o un año.
Es importante matizar que el acuerdo laboral alcanzado no está nada mal de condiciones, está muy bien de hecho, pero también es cierto que son más los que no pueden permitirse el lujo de reducir su nómina un euro para seguir atendiendo pagos, que los que podemos arriesgar y apretarnos el cinturón un año a cambio de recuperar el maravilloso y casi utópico estado en libertad. Ese estado en el cual tú y sólo tú decides a qué hora levantarte mañana, dónde, con quién a qué hora quedar, alcanzando el mayor momento de estrés cuando tenga que ir a renovar el paro. Y ahora que lo pienso, al ser un despido con una duración pactada de antemano lo mismo hasta me libro de tener que ir a fichar cada tres meses.
Según me consta, nunca nada oficial recordemos, se están utilizando varios procedimientos para aligerar plantilla. Hay personas, repito per-so-nas, que están recibiendo una carta personal vía correo interno en la que te comunican directamente la suspensión temporal de tu contrato la cual inicia quince días después a la recepción de la misma.
Otra táctica en ciernes será el ofrecerte un puesto vacante...en una Comunidad Autónoma diferente a la tuya.
Si aceptas, en dos semanas empiezas una nueva vida, laboral y personal, allá donde te hayan ofrecido. Sin tiempo de asimilación, sin posibilidad de un plan alternativo que evite destruir lo que tanto nos ha costado construir.
Cualquier otra respuesta que no sea bajar la cabeza y decir "Sí, Bwana" tendrá como consecuencia la suspensión temporal de tu contrato. Sin contemplaciones, sin miramientos, entre ceja y ceja.
Y cuál es el criterio de selección de mártires? Salarios por encima del valor de mercado actual? Responsabilidades familiares? Estado civil?Valorarán el estar hipotecado hasta las cejas por encima de vivir de alquiler?
Lo que está claro es que no nos van a preguntar antes. Me imagino a dos cabecillas de de recursos humanos alrededor de una mesa enorme cuya superficie está totalmente cubierta por miles de fotos de empleados. Uno coge todas las fotos que es capaz de abarcar con sus manos y se las lanza al vuelo al otro, modificando al libre albedrío el futuro más cercano de aquellas que han tenido la desgracia ser capturadas entre las insensibles manos del que hasta ese momento era su compañero. No me cabe ninguna duda de que este procedimiento sólo tiene cabida en mis pensamientos más gamberros, pero está claro que el esfuerzo, el compromiso, el sacrificio y el dinero que le he hecho ganar a esta empresa en los más de seis años que llevo en ella no van a salvarme de nada.
De momento, la capital está tranquila de movimientos al haber empezado el cierre de oficinas por las zonas costeras. Una vez el germen reductor de plantillas haya dejado tiritando las regiones que bañan el Mediterráneo no dudéis que se irá extendiendo sin piedad y sin freno hacia la meseta.
Se están acercando, lo noto...


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