Vienes
7:09h, suena el despertador a la hora de siempre, te levantas y llevas a cabo
la misma rutina de cada mañana. Entro al baño directo y pongo en spotify
algo animado, no agitado, combinación perfecta para ir arrancando la jornada
sin brusquedades. Me compadezco de los que amanecen escuchando los programas de
bromitas matutinas, ciertamente. Sin embargo algo cambió en la rutuna de esa
mañana. Mi subconsciente eligió tema...
"Ojo, no te descuides que hoy no es un día cualquiera" parece
que me quiso decir. Y
efectivamente, no se equivocó.
Para ponernos en situación: ¿quién no ha jugado alguna vez de
pequeño al juego de las tinieblas? Consistía básicamente en que alguien, el
pardillo del grupo habitualmente, se la ligaba con los ojos tapados y tenía que
encontrar al resto dentro de un espacio delimitado. Pero
la realidad era que al pardillo le caían collejas desde todos los ángulos
mientras trataba de avanzar temeroso, aunque esperanzado, en pillar a alguno y
así poder dejar de recibir.
Pues ese
viernes, soleado para más inri, fue como estar jugando a las
tinieblas, con la diferencia que aquí los pardillos éramos nosotros y el
que dio collejas sólo fue uno.
Primer impacto: se filtra la noticia que han vendido un número
determinado de sucursales a otra entidad. Qué? Cómo? Por qué? Y la peor de
todas...Cuáles?
Casualmente a los diez minutos nos llega un mail con la lista de
las oficinas que están "pendiente de venta", coincidiendo con el
número dado por la nota de prensa, las que siguen...y las que cierran. Segunda
en la frente.
Esto significa que en el mismo segundo del día todos los empleados
nos enteramos de si nuestra oficina se queda, se vende o muere, …comenzando
justo un segundo después un chorreo incesante de
llamadas y mensajes buscando obtener algún tipo de información adicional.
Cierto es que el hecho que cierren tu oficina no implica que estés en la calle,
pero no me diréis que acojona.
Ni
los bichos del “se queda” ni los del “se cierra” sabemos algo más sobre nuestro
futuro de lo que sabíamos ayer.
Lo que sí parece ser un hecho es que las oficinas vendidas van con
el pack completo, a saber: local, clientes, activo, pasivo, mora...y empleados.
Vaya pasada...y sin preguntar.
Personalmente, yo opté por tomar una actitud menos activa. Bajo
ningún concepto iba a ponerme a llamar a algún compañero conocido de las
sacrificadas así que esperaba a que mis compañeros me contasen de lo que se
habían enterado después de hablar con los afectados. Y lógicamente ante la
ausencia de cualquier tipo de comunicado por parte de la empresa, lo único que
obtenía era un aumento exponencial generalizado del nerviosismo, aún más
incertidumbre si cabe, y pena por el nulo trato humano que nos están
dispensando. Coño!, que la tercera colleja seguida duele.
Y así sales de la oficina, con una sensación con una mezcla de
alivio y confusión, al saber que tu oficina se ha librado de la criba, pero que
eso no significa que tú no acabes cruzando el patíbulo rumbo al paredón.
Hoy lunes, la jornada transcurrió sospechosamente tranquila.
Un día más, un día menos (2)
para el desenlace ¿definitivo? de esta revolución...

1 comentario:
Desde Bankia con Amor, Compadre. FUERZA Y AGUANTE!!!
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