Si hasta hace poco más de un mes había conseguido librarme de toda la vorágine de cambios que se estaban sucediendo en lo que hasta hace bien poco era una caja de ahorros, no teniendo del todo claro qué somos ahora, en los últimos treinta días he pasado de actor secundario a tener un papel protagonista. Salté a la palestra en el momento que vino a "visitarme" uno de los máximos responsables de RRHH. "Qué importante debe ser" pensarán algunos. Pues nada más alejado de la realidad.
Nos fuimos al despacho de director, cerramos la puerta y nos sentamos uno frente al otro con la mesa y el ordenador como únicos testigos de excepción.
Una cámara imaginaria lanza un primer plano sobre nuestros ojos, música de western sonando de fondo mientras nuestras manos se mueven acercándose tensamente a la funda de nuestro revólver.
Confirmado. Es un duelo.
Si bien supe con unas horas de antelación la aparición del enemigo y su deseo de hablar conmigo, no tenía ni idea del cariz que iba a tomar dicho encuentro, aunque tampoco tuve que escurrirme mucho el seso para saber que no iba a ser un encuentro amistoso (no hay que olvidar que estamos en pleno ERE con los forajidos de recursos humanos visitando oficinas "ofreciendo" a compañeros irse a currar a alguna parte del vasto y extenso territorio gallego...mandándoles a casa un añito en caso de declinar la propuesta.
Toma de contacto inicial por su parte, exposición de la cruda realidad en la que se encuentra la entidad y cordialidad en sus palabras para a continuación contarle en términos generales qué tal estaba y cómo veía la situación en la que nos encontrábamos.
Por supuesto le conté que mi intensidad y mis ganas eran máximas ante el nuevo proyecto. Acto seguido saca su arma y me dispara a mala fe poniendo en duda la calidad del compromiso que siempre he mantenido, mantengo y mantendré con todos y cada uno de los compañeros con los que he estado en todas y cada una de las oficinas por las que he pasado estos últimos siete años.
Mi pistola estaba lanzando balas de agua mientras la munición de la suya era de un arma pesada.
El resumen de toda nuestra conversación fue que viene una época aún más peluda, en la cual sobra aún mucha más gente de lo que dicen los acuerdos oficiales y que hay que rascar de donde se pueda. Y como no le habían llegado informes sobre mi del todo satisfactorios, que ni se de quién provienen ni me importa, ya tenía un motivo más que suficiente para tantearme sobre la posibilidad real de irme a trabajar a Galicia.
En ese mismo momento se activó en mi un nuevo software con nuevas funciones tales como analizar la opción de marcharse a casa un año, o bien acogerse a la baja voluntaria definitiva. Teniendo en cuenta la dinámica negativa en la que está inmerso el sector bancario, y lo que aún le queda por venir, abandonar el barco sano y salvo antes de que se hunda, no tiene por qué ser una mala opción. Y más teniendo en cuenta todo el recorrido que considero que tengo por delante.
Pero mi aparición estelar en esta película del Oeste no se quedó ahí, puesto que tras casi cuatro años en esa oficina del barrio de Hortaleza, habiendo superado una fusión entre entidades, proyectos desesperados puestos en marcha a capón, cierre de oficina, traslado a la otra y despedidas de compañeros a la par que daba la bienvenida a otros nuevos, llega el día en que me anuncian que no me voy a ir a Galicia, pero sí que me cambian a oficina de Madrid.
Había salido herido del duelo, pero sobreviví al intento dejar a Madrid con un empleado menos.


2 comentarios:
Grande... te ha faltado.resaltar la poca humanidad en el trato dispensado
Bien Plantao y aguantao, Compadre!!! RR.HH Malditos... Para ellos solo somos Residuos Humanos (creo que esta nueva denominación se ajusta mas al trato que nos dan en todos los ERES)
Lo peor es que ellos, como los Sindicalistas, se creen fuera del torbellino y no lo están. Ya se caerán del Guindo's...
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